Detox primaveral

Nunca me gustó la idea de las dietas radicales de desintoxicación; siempre argumenté que si llevas una dieta sana estable y regular, no necesitas hacer algo tan radical como una dieta líquida.

Sin embargo, este año mi cuerpo me pidió, por primera vez en 39 años, una semana de limpieza general. El invierno fue duro; pasé unos meses con pequeñas molestias que acabaron en una tanda de antibióticos que me destrozaron el sistema digestivo, a pesar de todos mis intentos por arreglarlo. (Siempre me pregunto si el cuerpo se me volvió tan sensible de tanto cuidarlo, o si empecé a cuidarlo tanto por ser tan sensible.) Sabía que no quería -más bien no podía- hacer nada demasiado radical; el estilo de vida que llevo -ciudad, hijos, trabajo, etc. etc.- no se presta a una dieta de ayuno para la cual hace falta bajar el ritmo (creo que para cualquiera que vive en una ciudad, trabaja y tiene familia es complicado). Tengo una amiga experta en dietas de limpieza más intensas que por sus circunstancias de vida (o su carácter) se puede permitir el descanso. Así que decidí seguir una desintoxicación a base de arroz integral, verduras al vapor y caldo de miso con alga kombu durante 7 días.

La primavera es el momento ideal para hacer esta limpieza, ya que el cuerpo empieza a no necesitar comidas tan energéticas como durante los meses de frío; el cambio de estación se acompaña bien con un cambio en el cuerpo. 

Cuando empecé a pensar en el tema, me asusté de la cantidad de dietas detox que aparecen en la web. Hay de todo por ahí. Por eso huí rápidamente. Luego, un médico naturista y homeópata me sugirió su dieta de "cambio de metabolismo" que consistía en un desayuno más o menos normal para mí (té, tostadas), fruta a media mañana, pescado blanco con ensalada para comer, fruta por la tarde y verduras cocidas para cenar. Tal vez la pruebe algún día, pero esta dieta me pareció demasiado lejana de la que hago habitualmente -básicamente porque no como tantos crudos y presentí que sufriría más hambre que con el arroz, que me pareció más energético. Además quería darle un descanso a los riñones, y no comer proteínas por unos días es una buena manera. También comer la verdura cocina en vez de cruda es una manera de regalarle al cuerpo un descanso por la pre-digestión que implica la cocción.

La decisión casi más difícil fue sacrificar también el té, al que, como todos sabéis, me he vuelto bastante adicta, al menos en espíritu pero no sabía si en cuerpo también. Efectivamente, al final del segundo día atribuí el dolor de cabeza constante no tanto a la limpieza de toxinas por los alimentos, sino a la falta de té. Al tercer día ya se me había ido pero extrañé enormemente mi ritual matutino, que es como una meditación cotidiana para mí.

Encontrar el momento tampoco fue fácil; tuve que planificar una semana en que no hubiera ninguna comida especial ni ocasión celebratoria en la que simplemente no podría decir "lo siento,no puedo, estoy haciendo una desintoxicación". Así fue que empecé el mismo día de la vuelta de las vacaciones de Semana Santa; momento ideal ya que en un viaje uno come alterado y limpiar apetece. Pena que esa semana justo me haya tenido que perder el encuentro de mi grupo de té

Busqué una infusión detox para poder tomar cosas calentitas y encontré una receta en el blog de Sarah B. Para los lectores que vivís en Barcelona, encargué la mezcla en Manantial de Salud. Ellos ya tienen su propia fórmula de detox pero quería probar esta. Abajo tenéis la receta. Es mucho más barato que comprar cualquier remedio detox de los que vienen en bote, y no sabe nada mal, de verdad.

Al amanecer del día 5 ya estaba bastante aburrida de las comidas. Sí es cierto que comer así ahorra tiempo, no tienes casi ni que pensar en la preparación. Pero también sacrificas todo el placer, la variedad, las texturas...me entró ese día un pedido para cocinar para una nueva mamá, y me pasé largo rato mirando recetas y babeando pensando en qué hacerle.

No fue hasta el día 6 que experimenté lo positivo de la desintoxicación y me sentía literalmente renovada, con una bella ligereza de cuerpo y gran claridad mental, que por un momento pensé que podría seguir así un buen rato más. También comprendí el enorme esfuerzo y desgaste energético que es para nuestro cuerpo digerir y procesar todas las cosas que metemos dentro a diario. 

Al final del día llegué a la conclusión de que 6 días era suficiente; el día siguiente era sábado, quería comer con la familia, y madrugué como nunca para devorarme unas ricas y crujientes tostadas de pan de semillas y frutos secos con tahín y mermelada y dos termos de té Oolong chino de Wu Yi. Nunca el desayuno supo tan bien. 

Algunos consejos para complementar la desintoxicación:
1. Beber al menos 2 litros diarios de agua, sin contar la infusión detox. 
2. Al no utilizar ningún tipo de grasa, se puede dar sabor a las comidas con cúrcuma, jengibre, algas, miso (sin pasarse). En los últimos días incorporé también perejil fresco, que es un buen limpiador del riñón.
3. En principio puedes comer todas las verduras que quieras, pero algunas son más depurativas que otras, por ejemplo: nabo, remolacha, coles, brócoli, hinojo, apio, puerro, alcachofa, y en general las verduras de hoja verde. 
4. Intenta durante la semana, si puedes, practicar ejercicio muy suave (como el yoga) y darte algún masaje, que también sirve para limpiar. Yo no lo conseguí pero sé que me hubiese venido bien ya que el cuerpo se moviliza bastante y pide mimos.
5. Una lectora me preguntaba qué desayunar: crema de arroz, por supuesto! Se puede hacer la versión salada, con verduras y miso, o endulzar con un poco de canela en polvo o hirviendo el arroz con una rama de canela. 
6. Masticar bien. No sabes el favor que le haces a tu sistema digestivo -y por lo tanto a la energía que tendrás como resultado- dándole los alimentos bien masticados. Esto deberíamos hacerlo siempre, pero esta semana al menos intenta fijarte más en convertir el arroz en papilla antes de tragarlo.
7. Al menos una vez durante la semana, date, a última hora, justo antes de ir a la cama, un baño detox, que se hace así: mientras llenas la bañera con el agua lo más caliente posible, te puedes cepillar la piel seca con una loofah o guante vegetal o cepillo especial. Hazlo en dirección al corazón, frotando vigorosamente. Añade al baño 2 cucharadas de jengibre fresco o seco (yo tenía fresco; dicen que el seco es aún más intenso) y 2 cucharadas colmadas de Epsolina (sales minerales, de la casa El Granero Integral en España, o sales de Epson). Si quieres también puedes añadir unas gotas de aceite esencial de lavanda o eucalipto. Quédate en el baño unos 20 minutos. Notarás que empiezas a sudar -sí, sudas adentro del baño. Es el efecto detox! Sal de la bañera despacito, envuélvete en la toalla y tal cual te metes entre las sábanas, con mantas encima para seguir sudando un rato más. Déjate un gran vaso de agua preparado en la mesita. A mí me latía todo el cuerpo a estas alturas. No cuentes con poder hacer nada hasta el día siguiente. 

Infusión detox
4 cucharadas hojas de diente de león (riñones)
3 cucharadas raíz de diente de león (hígado, vesícula)
2 cucharadas bardana (sangre, hígado, vesícula)
3 cucharadas cardo mariano, machacado (hígado, vesícula)
3 cucharadas amor de hortelano (linfa, riñones)
4 cucharadas melisa (tónico digestivo)
4 cucharadas lapacho (Pau d'arco) ( sangre, parásitos)
4 cucharadas cola de caballo (riñones, piel)
5 cucharadas trébol rojo (sangre)
2 cucharadas alsine (colon, linfa)
2 cucharadas angélica (hígado, digestivo tónico)
3 cucharadas raíz de milenrama (hígado, vesícula, sangre, tónico general)
5 cucharadas ortiga (riñones, sangre, tónico, nutritivo)
4 cucharadas plátano (piel, pulmones, sistema gástrico, curativo interno, antiséptico)

Para hacer la infusión: hervir una taza y media de agua buena. Añadir dos cucharadas de la mezcla y dejar hervir a fuego bajo 10 minutos tapado. Colar en una taza. Tomar entre comidas, una taza por día durante 3 días, luego 2 tazas por día durante 1 semana, luego 2-3 tazas al día hasta que se acabe la mezca.


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